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Edición Número 495 - 28 de DICIEMBRE de 2012


Edición Nro. 79 12/06/2007

 

Datos de la realidad

 

1) Hay una creciente desconfianza en la Justicia; 2) ¿Es adecuado el estilo parabólico en las críticas del Cardenal Primado al gobierno …?:

Para abordar el tratamiento del primero de los dos puntos, hay que comenzar diciendo que la imagen de la Justicia ha venido decayendo en los últimos tiempos, y es fácil adivinar cuáles son las razones de ese creciente descrédito.

En primer lugar, cabe aclarar que esta afirmación, en cuanto al desprestigio de la Justicia, también resulta sencilla corroborarla, pues se escucha constantemente, de parte de ciudadanos integrantes de distintos sectores sociales, una crítica clara y contundente, en ese sentido.

Vamos a las casi seguras razones:
En primer lugar, le hace mucho daño a la Justicia, el aparente manejo político a la que se ve sometida. Fiscales que no denuncian, Jueces que prefieren no actuar ante determinados casos con connotaciones políticas, y otros que fabrican fallos tan rebuscados que hacen sonreir a los expertos.

También los casos criminales como los de la muerte de MARÍA MARTA GARCÍA BELSUNCE, y otro mucho más reciente, el de la ya famosa NORA DALMASSO, en Córdoba, han terminado de hacer perder la confianza en la Justicia, a mucha gente que sin ser especialista en esos temas, se manejan con el sentido común y la cordura.

Se sospecha, inicialmente, aparte de los casos de corrupción, que buena parte de los Fiscales y hasta de los Jueces mismos, no cuentan con la debida preparación para actuar en casos importantes. Lo más visible es que, precisamente en las dos causas pendientes mencionadas, ninguno de los actuantes en ellas tomó las mínimas precauciones que la lógica indica, para preservar las primeras pruebas de los crímenes.

Además, parece ser que algunos Fiscales, antes de perder protagonismo y quedar mal parados ante un caso irresuelto, acostumbran a denunciar hechos de muy difícil prueba, pero espectaculares, lo que les sirve sólo a ellos, mediáticamente. Aunque poco tiempo después queden en evidencia las torpezas.


El restante caso que hoy ocupa la presente columna, tiene que ver con las recientes declaraciones de JORGE BERGOGLIO, Arzobispo de Buenos Aires, y Cardenal Primado de la Argentina.

Las críticas del religioso han resultado bienvenidas para muchos ciudadanos que hoy se encuentran indefensos y solos ante una tan fuerte actuación del gobierno, la que a veces arrasa con las normas más elementales de decoro, y también de las leyes.

La duda que algunos lectores han planteado a este medio, tiene que ver con el estilo parabólico, propio de la Iglesia, que usa BERGOGLIO.

Y es entendible que así sea, porque hay un prurito muy consolidado en nuestra cultura, que produce la participación abierta de los religiosos en la política. Y también porque ha habido experiencias negativas en ese sentido.

Pero el máximo representante de la Iglesia Católica de la Argentina está habilitado para hacer críticas más frontales y directas, por la grave situación que regularmente se crea cuando el Presidente, o sus hombres más cercanos, salen a criticar muy duramente a sus adversarios o directamente mienten con respecto a estos o a la realidad histórica, o generan un clima de crispación colectiva que ningún bien le hacen a la ciudadanía.

Sería bueno, -algo difícil por cierto-, que el Cardenal acudiese a expresiones que no necesitaran ningún tipo de traducción o especulación acerca de su sentido. Y que no se temiese reacción alguna de parte de los políticos denunciados. Porque, de cualquier manera, diga lo que se diga, siempre replicarán gruesamente.

Para finalizar, y relacionado con la cuestión de imagen que también se considera en la nota anterior, componente de esta columna, es interesante transmitir que cada vez que algún miembro de la Iglesia se ha enfrentado con críticas al actual gobierno, ha subido la imagen positiva de la institución, según mediciones posteriores, tal como lo denuncian registros llegados a esta Redacción.