Se está armando un movimiento “anti-reforma” entre un grupo de Políticos, algunos son actuales Legisladores, o con influencia sobre ellos. Sus palabras pesan a la hora de tomar decisiones sobre los votos en el Congreso, y eso es importante en este momento, cuando en el Gobierno están contándolos, de a uno, para ver si logran la mayoría que la Constitución exige para, primero conseguir el proceso de reforma constitucional, y luego será –pese a las más cerradas negativas que provengan del Gobierno- la inclusión de la cláusula por la cual se habilitará la posibilidad de un tercer mandato presidencial consecutivo, o directamente eliminar definitivamente los límites en ese sentido.
Si en este marco el lector escucha a algunas figuras de la Política, que dicen resistirse de modo absoluto a la posibilidad de permitir un tercer mandato a CRISTINA KIRCHNER, el mismo no deberá creerlo en todos los casos. Puede haber sinceras expresiones, motivadas tal vez no tanto por un sano sentido de defensa de la Patria, sino por algún interés político afectado, como lo puede ser el caso de aquellos que tengan propias aspiraciones de llegar a la Casa Rosada.
De cualquier modo, aún para los que no tengan ese puntual interés, que colisiona con el del oficialismo, la experiencia histórica de la Argentina, en casos similares, indica que hay que desconfiar de la autenticidad de las expresiones que dicen oponerse a la reforma.
Es de parte del radicalismo, del PRO y del peronismo disidente, de donde han aparecido las primeras apariciones formales y orgánicas, de advertencia acerca de las intenciones oficialistas de buscar la perpetuidad en el poder. Otros sectores que dicen ser opositores, pero que a la hora de los votos a proyectos altamente ventajosos para el oficialismo, terminan votando a favor del mismo, hoy se muestran también en contra de cualquier intento re-reelecionario de la Presidente, pero lo hacen tímida, tibiamente.
Pero aún en los tres movimientos señalados al comienzo del párrafo precedente, ha habido casos en la historia reciente del país, en que ellos habían comenzado del mismo modo, negando ostentosamente su apoyo al Gobierno, y terminaron –y nadie sabe cómo explicarlo- votando “distraídamente” a favor de la postura exactamente contraria.
Luego de ello, algo parecido al “Yo no lo voté …”, en alusión a lo sucedido con el electorado, para los casos del menemismo o el kirchnerismo.
Sin embargo la cosa aquí es diferente, porque los ciudadanos pueden saber qué Legislador votó por una u otra opción.
No se podrán evitar las deslealtades de última hora, pero la responsabilidad cívica que deberían ejercer los argentinos, a toda hora, aunque mucho más en estos momentos en que se está organizando un nuevo fuerte ataque a las instituciones republicanas, debería movilizarse.
Una buena forma de prevenir las traiciones, es hacerles llegar a los Legisladores la clara advertencia de que no se dejarán pasar a las mismas sin que haya consecuencias. Organizar un registro de qué y quiénes votaron por tal o cual medida, sería muy saludable.
Hoy es muy sencillo dejar mensajes en el Congreso, sin siquiera movilizarse hasta el lugar. Los ciudadanos, de modo organizado o disperso, pueden dirigirse al mismo por los canales normales, hoy multiplicados por el avance tecnológico, y allí de modo directo a quienes tendrán ocasión de votar en las reuniones parlamentarias.
En un mundo en el que se están viendo movimientos populares importantes contra las dictaduras, en donde los ciudadanos se juegan hasta la vida, no habrá que esperar en la Argentina que la misma se instale definitivamente, para recién comenzar a preocuparse.
Es un momento de profunda reflexión para toda la ciudadanía, y de esfuerzos para que el país se mantenga dentro de la ley y la Constitución. Las generaciones del futuro nos enrostrarán nuestra inacción …